Cuando uno da sus primeros pasos en una profesión como la de generador de contenidos, suele equivocarse en las mismas decisiones que sus predecesores. Investiga, aprende de otros, ¡empieza con buen pie!

Cometer determinados errores puede arruinar los proyectos profesionales de un redactorSegún el refranero popular, ‘Nadie nace enseñado’. No existe mayor verdad que esta. La experiencia es lo que te permite alcanzar la maestría en una profesión. ¿El precio? Equivocarte una y mil veces. Pero existe otra versión del refrán con el que iniciaba este párrafo: ‘Nadie nace enseñado, si no es a llorar’. Todos sabemos lamentarnos. No obstante, aunque el error es necesario para aprender, puedes ahorrarte algunas meteduras de pata usando el sentido común y aprendiendo de otros.

Iniciar una actividad laboral por libre puede ser duro, y enfrentarte a determinados problemas podría acabar minando tu moral, y conducirte al fracaso por la vía rápida.

Hoy quiero exponerte los errores que considero más frecuentes en los redactores freelance que empiezan su andadura profesional. Algunos los he cometido yo mismo. Otros he conseguido evitarlos gracias a los buenos consejos de redactores más veteranos.

Obviamente, cada caso es distinto, y quizá alguno de los consejos que encontrarás a continuación no te sirva. Eso deberás juzgarlo tú mismo.

Trabajar por la patilla

Si eres uno de mis lectores asiduos quizá estés cansado de oír la misma historia. Pero si hago tanto hincapié en ello es porque me parece importantísimo.  Hace unos días leí un artículo de Victor Iturrioz en el blog de Quondos, donde también se desaconsejaba el trabajo gratuito a los freelancers que ejercen su actividad en Internet. Sus argumentos iban en la misma línea que los que podéis leer en otros posts míos. Trabajar gratis destruye volumen de negocio, y sienta precedentes en sectores donde los clientes potenciales ya tienen, de por sí, la percepción errónea de que en Internet todo debe ser gratuito.

Trabajar gratis solo sirve para seguir trabajando gratis. Me han contactado en muchas ocasiones, solicitando mis servicios a cambio de ganar visibilidad y hacer currículum, sin ninguna otra compensación por mi trabajo. Es un error. La moda de trabajar gratis está haciendo mucho daño, y las profesiones de periodistas y redactores freelance, entre otras, han estado durante algún tiempo en el filo de la navaja. Por suerte esto está empezando a cambiar.

Cobrar, pero muy poco

Es cierto. Cuando empiezas, no puedes cobrar lo mismo que un redactor que lleva 15 años. Pero la forma en la que los redactores nos malvendemos, en general, es de escándalo. Cuando veo a alguien de la competencia cobrando 1 euro por artículo (he descubierto uno hace poco), un escalofrío me recorre el espinazo. ¡Una cosa es ser competitivo, y otra es ser gilipollas! (con perdón). Casi todos lo hemos sido al principio. Yo cobré mis primeros artículos por un precio muy inferior al que creo que merecen mis textos. Todavía hoy, debido a este tipo de competidores, me veo obligado a establecer tarifas inferiores a las que consideraría justas. Pero todo tiene un límite.

Volviendo al ejemplo de un artículo a euro… ¿De qué sirve estar desbordado de trabajo si no te llega para ganarte la vida? Uno debe ser realista. Si para ganar una media de 1.100 euros tienes que escribir 1.100 artículos al mes, ¡lo llevas claro! Algunos redactores establecen precios absurdos con la excusa de que no viven de esto. Su objetivo, dicen, es obtener un sobresueldo. Esto es intrusismo laboral puro y duro. Pero además, sigue siendo estúpido. ¿Por el hecho de que no vivas de ello vas a cobrar una miseria? No le veo la lógica. Además, esta forma de infravalorar el trabajo hace mucho daño a quienes sí dependemos de este trabajo para ganarnos el sustento.

No establecer límites en el regateo

El cliente busca contratar el servicio con el mínimo coste. Tú quieres obtener un beneficio razonable por tu trabajo. Podéis regatear. Pero no te conviene aceptar cualquier precio. A menudo te contactarán clientes diciéndote algo como esto: ‘Mira, te ofrezco un gran volumen de trabajo, pero me tienes que hacer un precio especial’. Algunos redactores, con tal de no perder al cliente, pueden acabar trabajando por el 50% o menos de sus tarifas habituales.

Establece tus honorarios por encima del precio mínimo que estarías dispuesto a aceptar. De ese modo, si alguien te regatea tendrás cartas para seguir jugando la partida sin devaluar tu trabajo por debajo de los límites aceptables.

Levantarle el cliente a un colega de profesión

Desde que me dedico a esto he observado una tendencia en el mercado de los contenidos, la edición, etc. Las empresas compiten; los redactores, traductores y profesionales freelance de sectores afines establecemos redes de colaboración. Una empresa dedicada al marketing de contenidos dispondrá de una plantilla de trabajadores, o contará con un marketplace al alcance de varios freelancers. Si eres un redactor autónomo, tu empresa eres tú. A menudo te encontrarás desbordado de trabajo, y lo más lógico es que hagas lo que todos hacemos: subcontratar los artículos a otro redactor.

Y si eres tú el subcontratado, hazte a la idea: te pagarán menos de lo que cobrarías si el cliente final te lo contratara a ti directamente. Piensa que el redactor intermediario tendrá que verificar la información, adaptar el texto o puede que incluso reescribirlo. Lo que te está pidiendo es materia prima, que le facilites el trabajo para cubrir un encargo que de otra forma no podría entregar a tiempo. Podrías contactar con el cliente final y ganarías algo de dinero adicional, pero está muy feo. Si lo haces, probablemente perderás la posibilidad de que te sigan subcontratando artículos. Si se corre la voz, quizá otros te borren de su lista de posibles redactores a quienes acudir cuando están saturados.

Plagiar a otro

No me refiero a vender artículos plagiados. Es evidente. Un redactor debe crear textos 100% originales. Me estoy refiriendo a ‘copiar a otro redactor’. Es lógico imitar un modelo de negocio que funciona. Pero algunos redactores van más allá, y copian el nombre, el dominio o la imagen de marca de otros colegas. Puede que sea legal, si el nombre o el logo no está registrado, y siempre puede uno buscar una extensión de dominio diferente para añadir a un dominio que ya existe. Pero que sea legal no significa que sea buena idea. Si no logras diferenciarte de otros, difícilmente podrás construir tu ‘branding personal’, es decir, una imagen propia que te diferencie de todos los demás. Además, generarás confusión entre tus clientes potenciales.

 

¿Conoces otros errores típicos de los redactores? ¿Quieres compartir tu experiencia con los lectores de este blog? Esta es tu casa, ¡los comentarios son bienvenidos! 🙂

A %d blogueros les gusta esto: