Sé que este tema ya no está tan de moda como hace algo más de medio año, pero sus repercusiones son de larga duración, con lo cual, este post me sigue pareciendo pertinente.

El Huffington Post es uno de los medios digitales más leídos en EEUU, y se ha extendido a otros países como Reino Unido, Canadá, Francia y España. La versión española del Huffington trató de presentarse como baluarte del “periodismo canalla”, y ciertamente, son muchos los periodistas y bloggers profesionales que reconocen su espíritu ‘canallesco’. Sin embargo, mientras Montserrat Domínguez, directora del HuffPost, entendía por ‘canalla’ un sinónimo de irreverente’, la comunidad de informadores profesionales y escritores a sueldo entienden que los del Huff hacen honor al calificativo por ‘caraduras’. Y es que este medio informativo digital no paga a sus colaboradores con dinero, sino con ‘visibilidad’.

Cuando el escándalo llegó a mis oídos, como redactor freelance que soy, sentí el impulso de rasgarme las vestiduras. Sin embargo, conocía la trayectoria profesional de Montserrat Domínguez, y tuve noticia del acercamiento del proyecto de Arianna Huffington a diarios como el Le Monde Diplomatique (que me merece un gran respeto) o El País (que ya no me merece tanto como antes).  Por si fuera poco, me enteré de que a David Wood, uno de los colaboradores del HuffPost, le había llovido un Pulitzer. Todas estas noticias  representaban puntos a favor hacia este medio, así es que decidí informarme un poco más sobre el tema antes de emitir un juicio de valor.

El ‘periodismo ciudadano’ como pretexto

El concepto de periodismo ciudadano no tardó en aflorar en mis pesquisas acerca del proyecto Huffington. Se supone que proyectos como el del HuffPost, que aportan visibilidad a los blogueros que deciden participar en él, estarían fomentando un tipo de periodismo que cuenta con dos ventajas:

  • Independencia, frente al periodismo laboralmente adscrito a una línea editorial.
  • Menor autocensura de los informadores, que no temen ser despedidos o no ser renovados porque, técnicamente, no trabajan, sino que se limitan a ‘colaborar’.

Según esto, el blogger colaborador sería un intermediario entre la información objetiva y el receptor, sin la mediación de ningún interés particular ni una ideología editorial.

Disiento de este planteamiento, puesto que si la moneda de pago es la visibilidad, cabría preguntarse a qué intereses personales responde esa necesidad de los blogueros colaboradores, de atraer tráfico a su blog. Dicho de otro modo: en términos estrictos, no existe la perspectiva desinteresada.

Las críticas de los periodistas profesionales al Huffington Post

Son muchas las críticas que he tenido ocasión de leer, como las que en su día hicieran desde #gratisnotrabajo. A las protestas de los periodistas habría que sumar las de redactores freelance y bloggers profesionales. Creo que las quejas de ambos sectores podrían sintetizarse en dos puntos.

  • No pagar el trabajo es poco ético y contribuye a la erosión del sector laboral.
  • El periodismo no consiste en bloguear, es una profesión, con unas técnicas y mecanismos para recabar, analizar, contrastar y transmitir información.

Estoy de acuerdo con ambos puntos, aunque también he leído algunas posturas más extremas por parte de los periodistas, que se centran en desacreditar a la figura del blogger, lo cual me parece un error. Los periodistas deberían hacer autocrítica y entender que las reglas del juego han cambiado, y que ahora ya no son solo ellos los que construyen y difunden la información.

Conclusiones…

Según Montserrat Domínguez, en el HuffPost no entienden ‘el blog como un trabajo’. Es una forma de escapar a gran número de objeciones, relacionadas con el punto número uno que indicaba más arriba. En mi opinión, esto es como decir que la carpintería no es un trabajo, por el hecho de que algunos practiquen el bricolaje como hobby. Para muchos bloggers profesionales, emplear tiempo en documentarse, escribir, corregir y editar contenido, especialmente si es de calidad, sí es un trabajo, y eso es un hecho.

Estoy a favor del periodismo ciudadano e independiente. Pero el modelo que tengo en mente no coincide con el del The Huffington Post, sino con un mayor desarrollo de la blogosfera, compatible con la prensa tradicional. Llamadme raro si queréis… pero me rechina que toda esa información ‘supuestamente’ independiente pase por un agregador de noticias que coloca publicidad, cobra por ella y no paga a quienes le proporcionan la materia prima.

Todos hemos escrito gratuitamente alguna vez. Yo lo haré en determinados sitios donde espero obtener visibilidad para mi blog y otros proyectos. Pero se trata de intervenciones puntuales dentro de un proyecto personal. Si eres bloguero y deseas mostrarle al mundo lo que vales, pregúntate si en realidad estás trabajando gratuitamente para ti (inversión), o simplemente estás enriqueciendo a otros a cambio de muy poco o nada. Ten en cuenta, además, que este tipo de decisiones tendrán sus repercusiones en el mercado laboral. A mí, escribir sistemáticamente para un medio que no me paga me parece absurdo.

Me quedo con portales como Suite 101 y su política de repartición de beneficios con los colaboradores, aunque sea un medio menos afamado y más castigado por algunos buscadores.

Y tú, ¿escribirías para el HuffPost?

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