Muchos se plantean la posibilidad de trabajar como redactores, pero solo unos pocos logran ganarse la vida escribiendo. ¿Qué formación, cualidades y características son necesarias para ser un redactor profesional?

Redactor freelance publicitario escribiendo en su despachoEstoy releyendo un libro que considero clave para cualquiera que decida emprender la profesión de mercenario de las letras: El manual del redactor publicitario, de Mariano Castellblanque. En él se dice algo que ya había leído de la mano de otros redactores, y que yo mismo comparto.

‘… saber escribir no es suficiente. Apenas afrontada la noción de redactor publicitario podemos ya observar que no es un escritor “normal”. Al contrario, parece que tiene unas características y un perfil propio…’.

En esta obra, que recomiendo encarecidamente, Castellblanque se esfuerza en dibujar el perfil de un redactor. El lector puede encontrar, además, entrevistas a expertos de renombre. Entre otras muchas cosas, cita el autor las cualidades que redactores profesionales como Hanley Norins consideran fundamentales para ejercer esta profesión:

  • Curiosidad
  • Imaginación
  • Empatía
  • Entusiasmo
  • Flexibilidad

Huelga decir que suscribo el perfil de redactor publicitario que dibujan Norins y Castellblanque. No obstante, y sin tratar de ponerme a su altura, he ido formando mi propia opinión sobre las características que debe reunir un buen redactor para ganarse la vida escribiendo. Me centraré en las habilidades y aptitudes profesionales, más que en las cualidades personales que se le presupone a los redactores, si bien es cierto que hablar de determinadas facultades es inevitable.

El redactor no es un escritor convencional

En primer lugar, me gustaría dejar claro que no me limito en este post a hablar del perfil clásico de redactor publicitario. Hoy en día, la revolución del marketing de contenidos en internet ha cambiado la forma de trabajar del copy tradicional. Ahora, la gran oportunidad laboral para los redactores está en un tipo de publicidad indirecta, con menos llamadas a la acción y más contenido de valor para el público. Son las audiencias, compuestas por los internautas, las que han hecho posible este cambio, afilando su sentido crítico y exigiendo a las empresas información útil y veraz. Lo normal es que ahora el redactor publicitario sea un experto en comunicación que debe escribir en muchos y muy diversos formatos (noticias, manuales, catálogos, tutoriales, dossiers, etc.)

Aun así, las habilidades que debe desplegar el redactor profesional no han variado demasiado.

Como dice Castellblanque, ¡no basta con saber escribir! Así lo advierte también Carlos Navarro Gutiérrez, cuando nos recuerda que artistas de la palabra escrita como Lord Byron, Hemingway, Bernard Shaw o Aldous Huxley probaron suerte en el mundo de la redacción publicitaria y abandonaron. Huxley, en concreto, tuvo que admitirlo: ‘Cualquier traza de literatura en un anuncio es fatal para su éxito’. Las palabras del escritor británico pueden resultar sorprendentes, pero son completamente ciertas. El redactor que, de uno u otro modo, ejerce su profesión dentro del ámbito del marketing, obedece otras reglas.

La redacción publicitaria es como un castillo de naipes: el menor desequilibrio da al traste con todo el edificio – twittea esto.

Para evitar confusiones, diré que no considero un arte mi profesión, sino un trabajo técnico que precisa creatividad. El arte es, por el contrario, creación que requiere de la técnica para cobrar forma. En esto debemos ser humildes.

No confundir ‘blogger’ con redactor

Es un error muy extendido creer que cualquiera que tenga un blog y escriba bien en él, puede ser un buen redactor. Algunos bloggers son muy buenos en lo suyo. Incluso un número reducido de ellos ha conseguido hacer mucho dinero con la publicidad, el marketing de afiliados, etc. Pero el redactor publicitario debe conocer la profesión, y disponer de conocimientos avanzados que le permiten, por ejemplo, enfocar un texto a un público objetivo determinado o saber gestionar el lenguaje publicitario en su justa medida.

También es muy común la figura del redactor a la fuerza. Personas que se suben al carro del marketing de contenidos para potenciar el alcance de sus negocios, y que lo hacen por sí mismos, por falta de medios para externalizar el servicio. En esos casos, no tengo nada que objetar. Al contrario; les deseo toda la suerte del mundo.

Las habilidades y aptitudes necesarias para ser redactor

Hacer una lista exhaustiva es imposible, y cada redactor dará prioridad a unas aptitudes sobre otras. No obstante, estoy convencido de que estas son algunas de las más importantes:

1. Manejo impecable de la lengua

Existen herramientas que nos permiten, a los propietarios de un blog o página web, conocer las consultas que los usuarios han introducido en los buscadores para llegar a nuestro sitio en internet. No os perdáis algunas de las búsquedas de usuarios que llegaron a mi blog a través de Google.

Empezamos con un ejemplo duro:

'Que hay que aser para ser redactor'

Primero, aprende a escribir bien.

Seguimos con otro impactante:

'Como hago para ganar plata con mi habilidad para escrivir'

Antes, debes aprender a redactar el nombre de la profesión que quieres desempeñar, Ah, ¡y usa el español neutro!

Estos son ejemplos de usuarios que buscan información como la que estoy proporcionando en este post. Siempre es arriesgado aventurar hipótesis sobre la intención que hay tras una búsqueda en Google, pero se diría que son personas interesadas en trabajar como redactores. En ambos casos salta a la vista que las aptitudes lingüísticas para desempeñar la profesión de escritor bajo demanda son deficientes. Es preciso huir del efecto Dunning-Kruger, y saber evaluar las propias habilidades y limitaciones.

Algunos escritores que se mueven en el ámbito de la literatura pueden permitirse ciertos errores siempre y cuando no sean demasiado graves, y que el despliegue de creatividad merezca la pena. Para eso está el corrector ortotipográfico de la editorial, que se dedica a depurar todas las imperfecciones del texto antes de su publicación.

Un redactor publicitario no tiene margen de error. De sus destrezas con la lengua depende nada menos que la imagen de sus clientes.

2. Un estilo atractivo

Que un texto no esté mal escrito desde el punto de vista de la ortografía, la gramática o la sintaxis no significa que tenga un buen estilo. Como decía, los redactores ya no escribimos únicamente textos con un enfoque comercial, pero la publicidad (implícita o explícita) sigue siendo el porcentaje mayoritario de nuestra producción. Cuando tratas de ‘vender’ un producto, un servicio o una idea, el lector es más desconfiado que con otro tipo de documentos; le estamos pidiendo su tiempo, su confianza y/o su dinero.

Si eres capaz de reflejar el entusiasmo del que habla Norins en tus escritos, tienes muchos puntos para ser un buen redactor.

3. Creatividad

Existe la creencia, muy extendida, de que la creatividad es una característica innata de la persona. No estoy de acuerdo en absoluto. Ser capaz de aplicar un enfoque creativo a cualquier cuestión es una habilidad que se puede aprender.

En la mente del redactor debe darse un flujo constante de ideas, un brainstorming, continuo que le permita establecer relaciones entre conceptos y conectar la información de forma innovadora y poco habitual. Es lo que algunos denominan pensamiento divergente, o lateral.

Como curiosidad, me gustaría añadir que, por norma general, cuanto más breve es el anuncio publicitario o el texto a redactar, mayor dosis de creatividad requiere. De modo que, ¡ojo con establecer tarifas basadas en el número de palabras como único criterio para hacer presupuestos!

4. Un buen bagaje cultural

Puede sonar pretencioso, pero no por ello deja de ser cierto. No existen estudios reglados para ejercer como redactor independiente, aunque es una salida lógica para periodistas y personas vinculadas al mundo de la publicidad.

Disponer de una carrera universitaria te puede ayudar, aunque no es estrictamente necesario. Sin embargo, es cierto que disponer de cierto bagaje cultural, ya sea adquirido a base de títulos o de forma autodidacta, es de gran ayuda. La cultura proporciona recursos que te permitirán llevar tus proyectos como redactor a buen puerto.

Por “bagaje cultural” no me refiero tan solo a la acumulación enciclopédica de conocimientos. El hecho de haber viajado o emprendido alguna aventura personal también te proporciona experiencias que enriquecerán tus textos.

La experiencia laboral, incluso en sectores poco o nada relacionados con la publicidad, la redacción o la edición, también cuenta. Es más difícil trabajar como redactor para empresas si no se ha empapado uno de cierta cultura empresarial.

5. Intuición

El redactor debe tomar decisiones constantemente. Qué decir, cómo decirlo, qué callar, qué insinuar… Pero no solo eso. También debe elegir cuál es el enfoque más adecuado para cada tipo de cliente, y para el público al que se dirige. Estas decisiones no siempre pueden resolverse con un análisis racional del asunto. En otras palabras, la intuición juega un papel importante.

Hace algún tiempo advertí que una rápida conversación telefónica me ahorraba muchos quebraderos de cabeza a la hora de elegir el tono y el enfoque que los clientes esperaban que le diera a sus textos. Sin embargo, cuando el e-mail era la única vía de contacto, me costaba mucho más disipar la incertidumbre. No sabría decirte el porqué, aunque lo sospecho. Escuchar el tono de voz, el lenguaje que usa u observar las reacciones espontáneas de una persona durante una conversación te aporta datos. La mayor parte de esa información ni siquiera podrás procesarla conscientemente, pero está ahí, y opera en nuestras decisiones. Eso es la intuición.

Generalmente, se entiende por intuición una especie de conocimiento inmediato. La sabiduría popular la presenta como algo con lo que se nace, y que solo algunas personas poseen. No estoy de acuerdo en absoluto. Además, estoy convencido de que se puede aprender y potenciar con la experiencia, aunque parezcan un contrasentido. El cerebro humano es una máquina de generar patrones de actuación con los que nos enfrentamos a la realidad. Tener experiencia significa haber probado muchos patrones, y desechado unos cuantos por ensayo-error.

Cuando un redactor se enfrenta a su primer encargo como profesional, su mente buscará patrones aplicables, basados en situaciones y problemas parecidos a los que haya tenido que hacer frente en el pasado. Cuando se dispone de cierta experiencia, los patrones están mucho más especializados en ese campo específico.

La experiencia vendrá con el trabajo, y nos permitirá desarrollar una intuición que todos tenemos, en mayor o menor medida, y que permite dar saltos lógicos para encontrar las respuestas acertadas de forma casi inmediata.

6. Humildad

Uno de los grandes obstáculos para esta profesión es el ego del escritor. Este es un tema que genera mucha polémica en foros y grupos de debate de los aficionados a la escritura. Si lo que te motiva a escribir es ver algo tuyo publicado y firmado con tu nombre real, el trabajo de redactor no es para ti.

En la Guía del Redactor Freelance, otro libro imprescindible para cualquiera que desee aprender la profesión, Roger García lo explica de forma brillante:

‘La figura del redactor freelance nunca ha tenido un gran protagonismo. Esto tiene una fácil explicación: no solemos firmar el trabajo que hacemos, sino que lo vendemos a otras personas que se atribuyen su autoría. En este sentido, somos lo que en el argot editorial se conoce como “negros” literarios, porque recibimos el dinero pero no disfrutamos de la “gloria”. Dicho de otra forma, a los clientes no les gusta que se sepa que esa carta, artículo o nota de prensa no lo han escrito ellos, sino un “mercenario”‘.

 

El redactor debe mantener el ego a raya, o acabará pasándole factura.

Nada te impide desarrollar otros proyectos personales en los que puedas firmar tu obra. Pero en lo que respecta al trabajo con los clientes, tu lugar está fuera de los focos.

7. Motivación

Más que de habilidad, es una cuestión de actitud. Hay que ser muy disciplinado para sentarse horas y horas a generar contenidos que, a menudo, están muy alejados de los gustos personales del redactor. Estar motivado es crucial.

¡Y no solo para escribir! La motivación también es fundamental a la hora de levantar un proyecto profesional desde cero.

¿Quieres conocer un pequeño truco para estar motivado? Fija tus objetivos desde el principio. Uno de los errores más comunes en los emprendedores es el de empezar a trabajar sin un objetivo definido. Sin metas claras que alcanzar, no hay motivación.

8. Paciencia

Ser redactor por cuenta propia es un trabajo tan duro como el de cualquier freelance. Eres tu propio jefe, tu propio publicista, tu propio contable, e incluso puede que seas tu propio webmaster. No olvides, además, que esto es teletrabajo. Probablemente no te harás rico, y tendrás que trabajar mucho más que si estuvieras contratado por cuenta ajena. Podrás, sin embargo, disfrutar de otras ventajas, como la de ser tu propio jefe, o trabajar desde la comodidad del hogar (si es lo que realmente quieres). Pero si aspiras disfrutar de las ventajas del autoempleo, vas a tener que luchar.

Iniciar tu actividad como redactor será lo más difícil, y la opción de arrojar la toalla puede ser muy tentadora.

Para evitar disgustos, lo mejor que puedes hacer es elaborar tu modelo de negocio como redactor. A parte de eso, trabaja duro, ¡y ten paciencia!

El redactor no nace, ¡se hace!

De todas las habilidades que necesita un redactor, creo que ninguna de ellas es completamente inherente a la persona, o en otras palabras, prácticamente cualquiera las puede aprender o desarrollar con voluntad y esfuerzo.

Quizá las que mayor dificultad presentan son aquellas aptitudes relacionadas con el correcto uso de la lengua. Para el común de los mortales, alcanzar la excelencia en la redacción requiere años de estudio; pero también es cierto que algunas personas disponen de las aptitudes necesarias por el mero hecho de haber leído mucho.

Al principio de este post decía que muchos se plantean la posibilidad de trabajar como redactores, pero solo unos pocos logran ganarse la vida escribiendo. Esto es absolutamente cierto, aunque en mi opinión se debe a los problemas que atraviesa la profesión.

En resumen, es verdad que el redactor no es un escritor convencional, posee un perfil más o menos específico y debe contar con ciertas habilidades. Pero cualquiera puede cumplir con el perfil, si se dan las condiciones propicias y se disponen los medios adecuados.

Por suerte, existe gran cantidad de recursos que te facilitarán las cosas si quieres trabajar como generador de contenidos. Algunos de ellos ya los he citado en este artículo.

Si quieres puedes contribuir a enriquecer esa pequeña reflexión. ¿Cuáles crees tú que son las habilidades necesarias para ser redactor? ¡Deja tu comentario! 🙂

 

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