Los contenidos ocupan un lugar cada vez más importante en el marketing online; pese a ello, el valor de mercado de estos servicios sigue siendo muy bajo. ¿Cuáles son las consecuencias del low cost en los servicios de redacción de contenidos?

¿Qué vale un redactor?Imaginemos una situación hipotética: Pepito trabaja duro (de 8 a 10 horas diarias), para ganar 200 euros mensuales. ¿Y si te digo que su trabajo requiere conocimientos especializados? Imagina, además, que su labor le obliga a desplegar habilidades como la creatividad. ¿Qué pensarías de Pepito? ¿Crees que está valorando su tiempo correctamente?

Considera otro caso. Imagina ahora que descubres que una importante empresa, que goza de gran reputación, solo paga dos euros/hora a sus trabajadores. ¿Cambia esto tu percepción sobre dicha marca?

Y es que, por experiencia propia, te garantizo que redactar un buen artículo o un post requiere formación y conlleva, como mínimo, una hora de trabajo. De hecho, a menudo, el tiempo necesario es tres veces mayor.

Obviamente, la competencia es legítima, e incluso beneficiosa. Pero ya no se trata de competencia, sino de una auténtica guerra de precios. El coste de un servicio nunca debería bajar hasta el punto de que nadie pueda ganarse la vida con su actividad.

Hasta aquí hemos hablado de las consecuencias negativas que el low cost extremo tiene para los redactores web. Pero esta situación tampoco beneficia a los clientes. Vamos por partes.

Consecuencias de escribir a muy bajo coste para los redactores freelance

Hasta hace poco, era normal que las páginas web y los blogs corporativos estuvieran plagados de contenidos mal redactados, que aportaban poco (o ningún) valor a los internautas. Estos textos online solían escribirlos blogueros aficionados, gente perteneciente al mundo del SEO sin aptitudes o nociones para la escritura, o redactores sin experiencia ni formación. Como todo el mundo sabe, la fritura no puede venderse a precio de caviar, y la abundancia de servicios muy baratos de baja calidad afecta a todo el mercado. El hundimiento de los precios llegó hasta tal punto, que algunas ofertas de trabajo proponían remuneraciones en torno a 1 o 2 euros, o en algunos casos, ¡incluso menos! Los periodistas y redactores organizaron campañas en Twitter como la de #gratisnotrabajo, para denunciar estos abusos. Sí, es cierto: la campaña no se centra solo en trabajos gratuitos, sino también en los mal pagados; pero entre no cobrar, y no ganar ni para comprar posits, tampoco hay mucha diferencia. La queja compartida por todos era similar: ‘Tendría que escribir cientos, quizá miles de artículos mensuales, para alcanzar el sueldo de un mileurista’.

Con los nuevos estándares de calidad que impone Google para los contenidos, esto ha empezado a cambiar. Pero todavía nos queda mucho trabajo por delante para hacer valer nuestra labor.

Te dejo, a continuación, una relación de tweets donde podrás comprobar que la campaña #gratisnotrabajo sigue activa.

 

 

 

Quienes peor valoran su trabajo suelen ser aquellos cuyos conocimientos y habilidades dejan, realmente, mucho que desear. Pero no todos los que caen en la trampa de los precios bajos son incompetentes o intrusos laborales. Según una encuesta sobre la situación de los redactores freelance en 2014, el 42% de los profesionales del sector llevan 3 años o menos dedicándose a la generación de contenidos. Esta es, en mi opinión, otra de las causas de la guerra de precios: hay demasiados redactores empezando. Y, si bien es cierto que al principio un redactor no puede permitirse establecer precios demasiado altos, las tarifas bajas representan un círculo vicioso del que muchos no pueden salir: conseguir una cartera de clientes recurrentes es muy difícil; pero conservarla tras subir las tarifas a posteriori, es casi imposible. Así, algunos nunca lograrán dignificar su empleo y acabarán arrojando la toalla tarde o temprano.

¿Beneficia a los clientes contratar un servicio de generación de contenidos a muy bajo coste?

¿Sí? ¿Seguro? Pues quizá no es tan buena idea como parece. Es lógico que el cliente quiera pagar el mínimo posible. El redactor, por su parte, debería tratar de cobrar el máximo. Si el cliente y el redactor no se encuentran a medio camino, no hay trato. Pero tal y como están las cosas en el sector del marketing de contenidos, con la competencia estableciendo precios ridículos, suele ser el redactor quien baja sus tarifas. Es una situación anómala en la que el redactor regatea con el cliente y consigo mismo simultáneamente.

Pero ¿qué inconvenientes pude tener para el cliente un redactor que cobra poco o apenas nada?

  • Falta de motivación. En cualquier tipo de trabajo creativo, estar desmotivado afecta a la calidad del trabajo
  • Problemas para cumplir los plazos. Uno puede sacrificar su tiempo si obtiene un beneficio que le compense. ¿Y cuando no compensa…? El 85% de los redactores freelance españoles trabajamos desde casa. Hay que tener muy buenas razones para recluirse en una habitación cuando en la estancia contigua, tu familia continúa con su vida.
  • Contenidos mediocres y/o plagados de errores. Desde el punto de vista del cliente, un redactor muy barato debería levantar sospechas. Como decíamos antes, los mejores no se encuentran en las rebajas.
  • Ausencia de compromiso. Si el cliente paga poco, el redactor puede ser más reacio a la hora de aceptar críticas o atender exigencias.

Algunos clientes cambian constantemente a sus redactores. No encuentran a un profesional que satisfaga sus necesidades. No son conscientes de que una labor tan importante como la comunicación corporativa no puede comprarse con caramelos –twittea esto-.

 

*Imagen por Stuart Milles, en FreeDigitalPhotos

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