Algo se está moviendo en el mundo del marketing de contenidos, y las empresas empiezan a valorar a los redactores profesionales frente a los intrusos laborales que vendían humo barato (o directamente lo regalaban). Brotes verdes en un sector al que todavía le resta mucho por mejorar.

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Imagen original de jscreationzs, en freedigitalphotos.net

En el mes de enero muchas empresas empiezan a diseñar sus campañas de contenidos, y las peticiones de presupuesto que me llegan al correo han aumentado un 300% aproximadamente. Desde hace un tiempo tengo la sensación de que el sector de los contenidos ha mejorado, y gracias a la nueva política de Google, se valora mucho más a los redactores.

Por lo que a mí respecta, lo cierto es que la inmensa mayoría de esas solicitudes de precios y tarifas cae en saco roto. De todos modos, he conseguido algún que otro acuerdo de colaboración a largo plazo con empresas serias. Por esa parte, no me quejo. Pero todo ese torbellino de e-mails y presupuestos también me ha servido para constatar que la situación todavía debe mejorar mucho para que la labor de los redactores freelance se valore como debe.

Los principales responsables de la crisis que vivimos los redactores freelance

Siempre que analizo las razones por las cuales a los redactores nos cuesta tanto hacer valer nuestro trabajo ante algunos clientes potenciales me respondo lo mismo. Se debe, principalmente, a 4 factores:

  • El desconocimiento por parte de los contratantes de los esfuerzos que requiere adquirir una formación especializada como redactor, así como del tiempo necesario para crear un ‘buen’ texto.
  • La proliferación durante años de determinadas técnicas SEO para contenidos muy útiles para posicionar páginas web comerciales y blogs corporativos, donde lo que menos importaba era la calidad de los textos (actualmente estas artimañas que todo redactor que haya escrito para medios digitales ha tenido que emplear alguna vez, están en declive).
  • La existencia de intermediarios que encarecen los servicios de marketing de contenidos. Son las famosas plataformas crowdsourcing, que extraen beneficio precisamente a costa de pagar poco a sus redactores.
  • El intrusismo laboral por parte de los bloggers aficionados que conciben su labor como una hobby y, por tanto, no creen necesario establecer precios justos (o directamente, ningún precio) por su actividad.

Soy un artista, no significa que vaya a trabajar gratis, tengo facturas como túLa falta de conocimiento de los contratantes de servicios de marketing de contenidos es comprensible hasta cierto punto: uno entra en páginas como trabajofreelance.com, solicita tarifas para la creación de un lote de posts, por poner un ejemplo, y le salen decenas de tarugos (o tarugas) que ‘trabajan’ por 0’50 euros o dólares el artículo. Lo más habitual es que, tras varias pruebas, el interesado certifique la falta de profesionalidad del intruso y se busque una empresa o un redactor freelance que sepa lo que se hace. Después de todo, escribir en uno o varios blogs no le faculta a uno para dominar el lenguaje, conocer las principales técnicas de redacción publicitaria, saber enfocar un texto a un público objetivo determinado o tener la capacidad de tomar las decisiones necesarias al redactar para que el texto cumpla los objetivos fijados.

Respecto a las técnicas SEO (Search Engine Optimitzation), algunas todavía funcionan y su uso es recomendable para según qué formatos de contenido (como los e-commerce o las páginas web de servicios). Pero su abuso conlleva efectos secundarios muy negativos, y a corto-medio plazo, si no se conjugan con contenidos de calidad, servirán de muy poco. Algunos todavía están anclados en el viejo paradigma, y en mi opinión, es solo cuestión de tiempo que las mayoría de las empresas valoren más un texto bien escrito que un montón de keywords desperdigadas de forma incoherente.

Las plataformas crowdsourcing para redactores viven de las plusvalías, y se embolsan la diferencia entre el precio que cobran al cliente final y el pago que efectúan a los pobres redactores que caen en sus redes. No todas explotan por igual, y para ser justo, debo decir que algunas cumplen una función formativa con los redactores que empiezan su carrera desde cero. Sin embargo, muchas de ellas han tenido que cerrar porque sus modelos de negocio eran inviables, algo lógico si se tiene en cuenta que dependen en muchos casos de redactores amateur poco experimentados.

El intrusismo laboral, desde mi punto de vista, es lo que más ha dañado a mi sector. No solo ha hundido los precios, situándonos a los redactores en una complicada situación para competir con tarifas vejatorias, sino que atenta directamente contra la dignidad de un profesional del marketing de contenidos. Es en este contexto en el que me permito establecer una distinción entre el redactor freelance que ejerce un trabajo con la esperanza de poder pagar una hipoteca, las facturas y la compra del mes, y el blogger aficionado que se empeña en ser el Lumpemproletariado del content marketing. ¡Y lo más grave es que lo hace por deporte!

Obviamente, no todos los que escriben a bajo precio son bloggers aficionados, ni todos los redactores profesionales establecen precios razonables. Pero la regla suele cumplirse, y es lógico si tenemos en cuenta que es muy extraño que un profesional especializado en un campo determinado fije precios que le impiden ganarse la vida con su trabajo. Tarde o temprano tendrá que valorar el tiempo invertido en escribir o abandonar su dedicación.

¿Dónde puede un bloguero escribir por amor al arte sin ser un pardillo y sin perjudicar a los redactores profesionales?

Siempre que hablo de estos temas hay alguien que cree, inexplicablemente, que me opongo a que la gente escriba gratis en sus propios blogs (algo que hago yo, por cierto), o que denuncio que se escriba gratis en todos los casos. ¡Nada más lejos de mi intención! Si eres un blogger o cumples con cualquier otro perfil de escritor, no aspiras a ganarte la vida con tu afición, y estás deseando hacerte visible en Internet, existen un gran número de ONG’s, publicaciones digitales sin ánimo de lucro, etc., que necesitan de tu pluma.

Si todo lo que he dicho hasta aquí te parece un disparate, una grosería o un arrebato de locura que me ha dado puedes consultar esta divertida infografía que leí hace ya algún tiempo en este blog, y que me permito compartir aquí.

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Soy consciente de que es el típico post que puede levantar ampollas o hacer que algún lector se dé por aludido. Si te sientes profundamente ofendido por mi forma de tratar el tema, lo podemos discutir en los comentarios. Si por el contrario estás de acuerdo total o parcialmente conmigo, con más razón todavía, ¡no te marches sin comentar!

 

Imagen principal de Stuart Milles en Freedigitalphotos.net

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