La pregunta que sirve de título a esta entrada es meramente retórica. En realidad, no pretendo establecer el precio exacto por cada hora de trabajo de un redactor que escriba contenidos para Internet, y no lo voy a hacer por dos razones:

  • En primer lugar, cada profesional establece sus propias tarifas.
  • En segundo lugar, y como muchos redactores, yo utilizo otro criterio para establecer precios, basado en la cantidad de palabras.

Sin embargo, es recomendable que un redactor, máxime cuando se trata de un profesional novel, se pregunte de vez en cuando: ‘¿qué vale una hora de mi trabajo?’.

La tentación de aceptar cualquier precio con tal de trabajar

A menudo recibo correos donde se me solicita presupuesto para un encargo puntual, un pack de artículos, o por colaboraciones periódicas en un blog. Suelo responder con información breve y concisa respecto a mis tarifas estándar y si el interesado proporcionaba en su e-mail algún tipo de información sobre las características del encargo, procuro elaborar un presupuesto personalizado desde el principio. Normalmente, el precio suele oscilar entre los 10 y los 15 € por artículos de hasta 500 palabras (*nota: mis tarifas han variado desde que publiqué este post; se pueden consultar aquí).

Mis tarifas son, por cierto, bastante bajas, pero soy realista y trato de adaptarme a un mercado castigado por la competencia feroz de aquellos redactores que no han aprendido a valorar su propio trabajo. Pues bien, no os imagináis la cantidad de veces que estas personas consideran desproporcionadas mis tarifas, y me lo hacen saber con su silencio o con comparativas respecto a las tarifas ‘barateras’ de otros redactores. En casos como este, uno puede sentirse tentado a rebajar el precio de sus servicios. Por eso es tan importante preguntarse uno cuánto vale realmente su trabajo.

¿Qué tarda un redactor profesional en escribir un artículo?

La respuesta es, obviamente, que cada redactor tiene su propio ritmo de trabajo, y cada encargo requiere un distinto grado de dedicación. Un redactor profesional debe ser capaz de escribir acerca de cualquier cosa, a no ser que esté especializado en un campo muy específico y se centre solo en él, como es el caso de algunos redactores de textos médicos, por ejemplo. Cuando he escrito un texto cuyo tema conocía de forma previa, he conseguido hacerlo en muy poco tiempo. Sin embargo, otros encargos requieren introducirse de lleno en un sector desconocido, localizar los blogs o las fuentes de información más reputados, cruzar y contrastar informaciones y escribir con prudencia y una buena dosis de sentido común. Con la experiencia, todo esto se puede realizar en un tiempo récord, pero el proceso de investigación y creación puede emplear varias horas de todas formas.

Por muy rápido que sea un redactor, difícilmente tardará menos de una hora en escribir un buen artículo, teniendo en cuenta que deberá revisarlo dos o tres veces e introducir cambios antes de darlo por terminado. He conocido redactores que escribían de tres a cuatro artículos por hora y he visto los resultados, que siempre eran… deficientes. Necesitaban la revisión y corrección de otra persona antes de entregarlos a clientes que, por cierto, no eran demasiado exigentes.

Tuve ocasión de conocer este sistema de trabajo cuando contacté con un par de redactores que escribían en una plataforma crowdsourcing de ‘dispensadores’ (no se me ocurre una palabra mejor) de contenido web. Yo también me había inscrito en esta plataforma, pero tras conocer las condiciones de trabajo abandoné la idea de escribir allí. Estos esforzados redactores escribían artículos de 250 ó 300 palabras por 2’00 dólares, a veces incluso por cantidades menores. Mi sentido común y mi ética profesional me impiden cobrar precios tan irrisorios escribiendo textos de baja calidad. Un buen trabajo requiere determinado tiempo.

Cuando establecer precios a la baja no sale rentable…

En aquellos casos en que alguien contacta conmigo para contratar un servicio profesional y descubro, sin embargo, que no está dispuesto a pagar un precio más que razonable por él, no puedo evitar preguntarme qué piensan que vale una hora de mi trabajo (y digo una hora por generalizar, porque a menudo, como decía, requiere más tiempo). Para más inri, algunas de las personas que me han contactado con esa actitud desempeñan cargos en empresas que invierten grandes cantidades de dinero en diseño web y todo tipo de publicidad, servicios llevados a cabo por empresas y profesionales que sí han aprendido a hacer valer sus profesiones.

Un redactor freelance debe ser muy consciente de sus obligaciones con el fisco (a no ser que trabaje ‘en negro’, lo cual suele reducir mucho las posibilidades de encontrar clientes serios), y estableciendo tarifas inferiores a las que aplico yo difícilmente pueda uno pagar las tasas por su actividad como autónomo. Por suerte, todavía existen profesionales que valoran su propio trabajo y clientes que entienden que un servicio personalizado y de calidad debe remunerarse adecuadamente. Pero dignificar el sector de los servicios lingüísticos es una cuestión que nos atañe especialmente a los profesionales que nos dedicamos a ello, ya se trate de redactores, correctores o traductores.

A %d blogueros les gusta esto: